jueves, 30 de julio de 2009

BEATO JOSÉ DE SAN JACINTO



Aqui os dejo un excelente artículo públicado en la revista encomienda sobre nuestro paisano.

PAISANOS QUE DEJAN HUELLA

La Iglesia celebra el día 10 de septiembre la festividad del Beato José de San Jacinto, natural de Villarejo de Salvanés. Para un conocimiento mejor de su vida y obra hemos entresacado las siguientes líneas sobre su martirio, del libro «CARTAS Y RELACIONES DEL BEATO JOSÉ DE SAN JACINTO SALVANÉS», O. P. MISIONERO Y MÁRTIR DEL JAPÓN.

El Beato José de San Jacinto «Salvanés» nació en Villarejo de Salvanés, fue bautizado en la iglesia parroquial de Villarejo, distinta de la iglesia que erigió Don Luis Requesens y que se yergue por encima de las casas del pueblo, con el nombre de José el día 12 de marzo de l580. Su padre se llamaba Pedro El Negro, a veces abreviado por «Negro». Su madre se llamaba Isabel Maroto.

IV. MARTIRIO

1. CAMINO DE NAGASAKI

Con las últimas palabras del P. Salvanés de una carta anterior: «Estándonos para embarcar para Nagasaqui, 9 de Setiembre de 1622» se da ya por terminada su estancia en la cárcel de Suzuta (Omura), en donde había estado desde 19 de agosto de 1621. Anuncia también una parte de su vida, que ya sabía iba a ser breve y definitiva por tratarse del martirio. Efectivamente, no mucho después de terminar de escribir la carta al P. Rueda, bajaron a los veinticinco de la lista y los embarcaron llevándolos a través de toda la bahía de Omura hasta el desembarcadero de Nagayo, ya a unos 15 kilómetros de Nagasaki. En Nagayo les hicieron montar en caballos que sustrajeron a los cristianos de esa población, principalmente, en contra de su voluntad. Así siguieron su camino hasta Urakami, ya en los arrabales de Nagasaki, donde llegaron a media tarde. No siguieron más porque iban a llegar pronto a la ciudad de Nagasaki y los perseguidores no querían alborotar prematuramente a esa ciudad.

Así que los albergaron en un cercado al aire libre, y allí los tuvieron toda la noche.

2. ÚLTIMOS SERMONES DEL P. SALVANÉS.

Al día siguiente, muy temprano, les hicieron montar a caballo con los brazos atados, y los enfilaron hacia

Nagasaki. Ellos se las arreglaron para que el Hermano franciscano Fr. Vicente de San José pudiese portar delante de todos un banderín o estandarte de damasco colorado con los nombres de Jesús y de María bordados en oro, y así pareciese todo aquello una procesión religiosa.

Escribe el P. Collado, Vicario Provincial dominico y testigo ocular de los hechos: «Era cosa maravillosa ver su grande alegría, y la serenidad de sus rostros, y el sosiego y paz de sus coracones que se mostrava en su exterior, que parecía que no se les dava cuidado ninguno su muerte... a ratos cantavan el Te Deum laudamus, y Las Letanías, y algunos Psalmos, con tanta suavidad, orden y devoción que más parecía coro de Angeles, que gente que venía a morir».

Según se iban acercando, como el lugar del martirio (la actual colina Nishizaka, bajo el monte Tateyama) estaba a la entrada de Nagasaki, los presos veían llenos de gente todos los cerros y lugares próximos y la entrada del mar que estaba delante y debajo de la colina Nishizaka (toda la gran extensión de la actual región que hay ante la estación del ferrocarril) cuajada de barcos, repletos de personas, para mejor poder presenciar la llegada de los prisioneros y su martirio.

Así prosigue describiéndolo el P. Collado: «Quando llegaron ya cerca del corral (cerco en la explanada de la colina Nishizaka para el martirio) fue tanto tropel de gente que a porfía procuró llegarse a tomar la bendición de los Padres, y a besarles los Hábitos, y a hablarles, y dárseles a conocer, y tantas lagrimas que derramaron que no se podrá explicar. Fue providencia y misericordia divina, para que nos pudiessemos despedir de nuestros queridos Padres, y oir despacio su eficacissimo testamento, y última voluntad (que por ser tal se imprimió más en los coraçones de los que presentes estávamos) que los 33 que avían de padecer de los que estavan en Nangasaqui, tardaron una hora larga más en venir al lugar del martirio; y ésta gastaron los presos de Vomura (Omura) en divinos cantos de Psalmos, y Letanías, en predicar, y despedirnos de todos, y animarles a la perseverancia en la santa Fé, amor y temor de Dios, nuestro Señor...

El P. Fr. Ioseph de san Iacinto, también de nuestra Orden de Predicadores (como eloquentissimo que era en la lengua Iapona), predicó mucho, y con gran espíritu, y devoción, y persuadió la devoción de Las Cofradías del Santo Rosario de nuestra Señora, y del dulcíssimo Nombre de Iesus...

En estos santos exercicios gastaron aquella hora, y como tuviessen sed, en particular el P. Fr. Ioseph de San Jacinto, pidió a los Christianos más cercanos que les diessen un poco de agua, y ofreciéndosela luego unas piadosas mugeres, bebieron todos, y se guarda por gran reliquia el vaso que llegó a aquellas bocas de oro, y ofreciéndoles los Christianos vino, dixo el sobredicho P. Fr. Ioseph que no tenían necesidad de vino de la tierra (los japoneses tenían entonces la costumbre de beber «sake» (vino japonés) antes de ser muertos.

Por eso, los cristianos se lo ofrecen a los Padres, pero ellos rehúsan beberlo para que los no cristianos no pensaran que su ánimo y valor en el martirio les venía como efecto producido por el vino), « pues avían de ir luego a gustar del Cielo. También les dieron los Christianos unas peras, y tomándolas los siervos de Dios, las dividieron en pedaços, y los repartieron entre los más cercanos, que los guardan como grandes reliquias»

3. EL MARTIRIO: ÚLTIMO TESTIMONIO DEL P. SALVANÉS.

Estaba todavía repartiendo los últimos trozos de las peras el P. Salvanés, cuando apareció el grupo de los treinta y tres cristianos presos de Nagasaki destinados a morir con los de Omura. Al frente de ellos venía nada menos que la más noble señora de Nagasaki, María de Tokuan, sobrina de uno de los dos gobernadores y mujer del hijo mayor, Tokuan, del anterior gobernador administrativo del Gobierno central (Murayama Toan), por quien hemos visto muy preocupado al P. Salvanés desde 1619. Todos manifestaron entonces indescriptibles señales de devoción y alegría, como ya habían mostrado por las calles desde la cárcel. Mas cuando se juntaron con sus compañeros de martirio, todo se convirtió en lágrimas y sollozos incontenibles. Los que habían hospedado en sus casas a sus Padres queridos los pudieron ver de nuevo allí, pudieron hablar con ellos, y despedirse de ellos en este mundo para acompañarles enseguida, para siempre, en el otro. Y lo mismo hicieron con todos los demás.

Terminado esto, todos los cincuenta y siete entraron como a porfía en el corral o recinto del martirio, donde había fijadas veinticinco estacas, que también llamaban columnas. En ellas ataron a veintidós prisioneros de los venidos de Omura, y en las otras tres al que hospedó al P. Salvanés, Pablo Tanaka y a otros dos de los de Nagasaki. Naturalmente el P. Salvanés estaba entre los de Omura. Le tocó la séptima estaca más cercana al mar, entre los dominicos P. Ángel Ferrer Orsucci y el P. Jacinto Orfanell.

Se acomodaron todos los de las columnas. Los verdugos se dirigieron a los condenados a ser decapitados, unos treinta y tres, que estaban ordenados junto a la entrada, de rodillas y con las manos en compostura, como quien esperaba de un momento a otro el golpe de la espada. Los treinta y tres cayeron decapitados delante de los colocados ante las estacas para así atemorizarlos más. El hecho no tuvo ningún efecto en los destinados a ser quemados vivos; al contrario, se mantuvieron valientes ante el martirio. Así se procedió al tormento del fuego de los veinticinco, entre los cuales estaba el P.Salvanés. Antes, para mortificarles más, les pusieron la leña y la paja bastante retiradas, y las ataduras ligeras para que pudieran salir fácilmente del tormento dando así pruebas de que se rendían y dejaban la fe. Cuando prendieron el fuego resultó que la paja estaba aún húmeda por la lluvia anterior, así que no prendió bien, convirtiéndose en humo sofocante. Al fin comenzó a arder. Pero aún entonces volvió a llover un poco, y con la lluvia se apagó el fuego, con lo que se prolongó el tormento. Nuevamente procuraron los verdugos prender fuego una vez que dejó de llover. Ya entonces, comenzaron a caer ahogados por el humo y el fuego los que estaban más cerca de las llamas y los que eran de complexión más flaca.

Así explica el hecho el P. Vicario Diego Collado, testigo ocular, en su Suplemento:

«fue aviendo estado más de una hora en el tormento como si fueran sus cuerpos de piedra mármol, sin hazer movimiento ninguno».

domingo, 12 de julio de 2009

Fomento destina más de un millón de euros a rehabilitar la Real Fábrica de Tapices y la Casa de la Tercia de Villarejo


MADRID, 4 Jul. (EUROPA PRESS) -

El Ministerio de Fomento destinará algo más de un millón de euros del 1 por ciento Cultural a la rehabilitación de la Real Fábrica de Tapices, ubicada en el barrio madrileño de Pacífico, y a la Casa de la Tercia, en Villarejo de Salvanés, según informó hoy en un comunicado.

Así, la Real Fábrica de Tapices recibirá 321.366 euros para el acondicionamiento y rehabilitación de dos de sus pabellones, que están alineados a la calle Vandergoten. El objetivo es ampliar las infraestructuras de conservación y restauración textil y contar con espacio para el Centro de Documentación y Difusión de la Tapicería.

En 1720, Felipe V hizo venir a la familia de tapiceros de Jacobo Vandergoten de Amberes para crear una industria de elaboración de tapices. En 1891, la fábrica se trasladó a Pacífico, a un complejo construido entre 1889 y 1891 por el arquitecto José Segundo de Lema. Se trata de un edificio principal, varios pabellones transversales y un pabellón exento.

El conjunto está realizado con ladrillo visto de inspiración mudéjar, y fue declarado Bien de Interés Cultural (BIC) en 1892. En 1982 recuperó el nombre de Real Fábrica, y en 1992 fue consolidado y reformado, por lo que actualmente aún conserva la actividad para la que fue creado.

CASA DE LA TERCIA

Por su parte, la Casa de la Tercia de Villarejo de Salvanés recibirá 693.598 euros para su rehabilitación, con el objetivo de dar al complejo un uso cultural cuando el Ayuntamiento del municipio compre la parte del edificio que aún no es de titularidad pública.

Por este motivo, se comenzará una primera fase de trabajos que afectará a 750 metros cuadrados, a la espera de poder actuar en el resto del inmueble y ubicar en él un museo etnológico en la primera planta y una sala polivalente en la segunda.

La Casa de la Tercia, del siglo XVI, es un residencia, granero y bodega que la Encomienda Mayor de Castillo tenía en Villarejo para almacenar las rentas en especie que el pueblo tributaba al comendador mayor. Se denomina 'La Tercia' porque allí permanecía la tercera parte de los tributos que quedaban para el disfrute personal del comendador.

Esta inversión provocará, según el Ministerio, una movilización de más de 1,3 millones de euros para recuperar este patrimonio histórico de madrid. Los proyectos estarán cofinanciados por las administraciones u organismos peticionarios de las ayudas en unos porcentajes que oscila, generalmente, entre el 50 y el 25 por ciento.

Por su parte, el millón de euros que aportará el departamento que dirige José Blanco saldrá del 1 por ciento Cultural, establecido en 1985 en la Ley de Patrimonio Histórico, que obliga a que ese porcentaje del total de inversiones en obras públicas se destine a trabajos de conservación o enriquecimiento del Patrimonio Histórico Español o al fomento de la creatividad.

domingo, 21 de junio de 2009

D. Gregorio Martínez Sacristán, obispo de Zamora


Su Santidad el Papa Benedicto XVI nombró Obispo de Zamora el 15 de diciembre de 2006 a nuestro paisano y tomó posesión de la diocesis el 4 de febrero de 2007.

D. GREGORIO MARTÍNEZ SACRISTÁN, nació el 29 de diciembre de 1946 en Villarejo de Salvanés, provincia de Madrid y diócesis de Alcalá de Henares.

Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor de Madrid.

De 1974 a 1976 estudió en el Instituto Católico de París, donde obtuvo la Licenciatura en Teología, con especialización en Catequética.

Fue ordenado sacerdote en Madrid, el 20 de mayo de 1971, quedando incardinado en la archidiócesis de Madrid.
Ha desempeñado los siguientes cargos:
  • 1971-1974: Coadjutor de la parroquia de Colmenar de Oreja (Madrid).
  • 1976-1978: Coadjutor de la parroquia de Santa Eugenia de Madrid.
  • 1976-1982: Responsable del Departamento para los Adultos de la Delegación Diocesana de Catequesis.
  • 1978: Capellán del Hospital Beata María Ana de Jesús.
  • 1988-1995: Director del Instituto de Teología a distancia de Madrid.
  • 1983-2002: Colaborador en la parroquia de San Vicente Ferrer de Madrid.
  • 1995: Delegado diocesano de Catequesis
  • 2002: Profesor de Catequética en la Facultad de Teología San Dámaso y colaborador en la Parroquia de San Ginés de Madrid.
  • 2003: Miembro del Consejo Presbiteral.
  • 2005: Miembro y Relator del III Sínodo Diocesano de Madrid.
Mi enhorabuena a D. Gregorio por su nuevo cargo dentro de la Iglesia.

lunes, 18 de mayo de 2009

El ÓRGANO DE LA IGLESIA PARROQUIAL.-

He encontrado algunos datos sobre la construcción del órgano que tenía nuestra iglesia parroquial de Sa Andres:

Recibe el encargo el toledano D. Juan bautista de Vargas por parte de la Cofradía de San Nicolás de Villarejo de Salvanés en 1576. Parece ser que hubo un problema de ubicación del órgano en nuestra Iglesia parroquial, en la contratación de los órganos la decisión de la ubicación de dicho instrumento parece que recaía en el cura, el mayordomo, el cabildo u otros, sin tener en cuenta muchas veces el sitio más idóneo en cuanto a la resonancia de los timbres y su propagación en el recinto del templo. Es muy curioso y aleccionador el montaje, en 1576, del órgano destinado a nuestra iglesia. La instalación de dicho instrumento ocasiona un conflicto entre el cura y la citada cofradía, a la cual apoya el alcalde. Estos, según parece, quieren que el órgano se asiente tal como estaba previsto en la pared de la mano izquierda de la tribuna donde está señalado y comenzado hacer por ser parte más cómoda y desembarazada para la iglesia por no tener más de una nave y porque de la dicha tribuna va el organista a tañer, según declaración del maestro de cantería, Nicolás de Ybarra. A Juan de Vargas se le consulta también; no quiere, sin duda, entrar en una querella pueblerina y no zanja; pero puntualiza en su informe del 12 de diciembre de 1576, que conviene que el órgano se ponga en una parte alta donde no tenga humedad para que se conserve…, parecer motivado por el hecho de que el instrumento estaba colocado, hasta este momento en el mismo piso de la iglesia. En todo caso, si el organero alude a un aspecto técnico para recomendar un sitio, indeterminado, no apeda a una necesidad acústica, de audibilidad, sino a un motivo climatológico, de mantenimiento.

En 1701 se le incorporan al órgano unos clarines en forma de artillería realizado por el organero Domingo Mendoza.

Desconozco cuando el órgano fue destruido, no sé si fue en la guerra de la independencia o en la Guerra Civil, si alguien tiene algún dato, comunicarlo.

domingo, 10 de mayo de 2009

Origen del nombre de Villarejo de Salvanés

El municipio de Villarejo de Salvanés, cuenta con 6.828 habitantes, se encuentra al sureste de la Comunidad de Madrid, a 50 kilómetros de Madrid capital, en la 'Comarca de las Vegas'. Sus coordenadas geográficas son 40º 11' de latitud norte y 3º 19' de longitud oeste, con una altitud de 753 mts..

Aunque se han encontrado restos en el yacimiento de Santa María, de un Castro Carpetano -final de la Edad de Bronce-, de la época romana y de la ocupación islámica, la primera noticia histórica que se tiene sobre Villarejo de Salvanés es un 'Privilegio Real' de 1.099 en el cual el rey castellano-leones Alfonso VI, reconquistador de la zona a los árabes, e Isabel, su mujer, donan el 'valle de Salvanés' (actual valle de San Pedro) y otros lugares a la Iglesia de Toledo. Nótese que sólo aparece el termino 'Salvanés'.

En el siglo XII se concede el 'Castillo de Salvanés' a la Orden de Santiago y a finales del siglo XV la 'Encomienda de Villarejo de Salvanés', aquí ya con 'Villarejo', pasa a ser 'Encomienda mayor de Castilla'.

'Villarejo' tiene significado de pueblo pequeño y posiblemente fue una pequeña aldea nacida al amparo del 'Castillo de Salvanés'.

Con relación al origen de 'Salvanés' hay una oscuridad total de fuentes y autores. No obstante, Javier Dotú, en su 'Origen y significado de los nombres de los pueblos de la Comunidad de Madrid', dice que: “El origen del nombre del pueblo, se reduce a un simple traspaso, pues los fundadores y primeros habitantes del lugar, procedían de un pueblo de Extremadura llamado Salvanés...”, sin entrar en la etimología de ese Salvanés extremeño.

Sin embargo, en el Tirol italiano, se dice 'salvanes', en su idioma ladino, a los duendes de los bosques que causan insomnio... ¿Podría haber sido Villarejo de Salvanés un lugar mágico lleno de duendes, hadas y elfos?

domingo, 1 de marzo de 2009

D. GONZALO APONTE DE QUIÑONES.

Gonzalo Aponte de Quiñones (1571-1623), alias Gonzalo Lope de Aponte, del Consejo de Castilla, oidor en Granada, catedrático del Instituto y Prima de Cánones en la Universidad de Valladolid.

Natural de Villarejo de Salvanés, en la diócesis de Toledo, "pequeño de cuerpo pero de grandes letras", hizo los primeros estudios en Madrid y los de leyes en Salamanca, donde se graduó como bachiller en ambos derechos. Ingresó en el Colegio Mayor de Santa Cruz de Valladolid el 8 de febrero de 1571, ocupando la prebenda dejada vacante por el licenciado Junco de Posada.

Graduado de Licenciado en Cánones por Valladolid (abril 1575) pasó a explicar durante apenas un mes del año 1576 la cátedra de Instituto, teniendo que dejarla por enfermedad. Una vez recuperado obtuvo la Prima, ya que el 25 de marzo de 1579, cuando la toma el doctro Alonso de Anaya Pereira, se dice está vacante por ascenso del licenciado Gonzalo Aponte a oidor de la Chancillería de Granada.

Oidor del Consejo de Indias en 1595, pasó a vivir en Madrid y a vincularse definitivamente a la Corte a partir de dicha fecha, sumando nuevos cargos y empleos, como consejero de la Cámara de Indias (19 enero 160), miembro del Consejo Real (18 febrero 1604) y visitador de la Audiencia de Pamplona (1612)

domingo, 15 de febrero de 2009

DON LUIS DE REQUESENS Y ZUÑIGA


Don Luis de Requesens tuvo por padres a D. Juan de Zúñiga y Avellaneda, hijo del segundo Conde de Miranda, y a Dª Estefanía de Requesens, de la rica y noble familia catalana de este nombre, señora de la villa de Molinos de Rey, de la villa y baronía de Martorell, con los lugares de Sasroviras, Castellbisbal y Castellví de Rosanes, y del antiguo Palacio menor de los Reyes de Aragón en Barcelona, llamado el Palau. Nació el 25 de agosto de 1528, en la cámara rica del paramento de aquel palacio, fue bautizado a los 28 del mismo mes en la parroquia de dicha casa, la iglesia ahora derruida de San Miguel.

Crióse delicado y enfermo; teniéndole una vez casi por muerto, su madre le dejó en el altar de Nuestra Señora en Montserrat, donde visiblemente comenzó a cobrar salud. Tuvo por preceptor a Juan de Arteaga y Avendaño, que había sido uno de los primeros compañeros de San Ignacio, cuando comenzó a juntarlos en España. Habiendo sido nombrado su padre ayo del Príncipe D. Felipe (al principio del año 1535), comenzó a servir al Príncipe de paje y fue uno de los niños que con él estudiaban; él llevó su guión mientras fue paje. En 1537 hízole merced el Emperador del hábito de Santiago. Entendiendo su padre que el estudio que se hacía con el Príncipe no era de mucho provecho, le dió por maestro particular al humanista Cristóbal Calvete de Estrella. Corría la sortija y justaba con el Príncipe y sus pajes con gentileza; con esto su carácter irritable y áspero se dulcificó.

Acompañó al Príncipe en su casamiento (1543) con Doña María de Portugal; y habiendo muerto ésta de sobreparto, el 12 de julio de 1545, asistió a Don Felipe en su retiro en el Monasterio del Abrojos. Al morir su padre (27 de junio de 1546), le hizo merced el Emperador Don Carlos V de la encomienda mayor de Castilla, que había tenido aquél. Estuvo gravemente enfermo y sufrió una peligrosa herida; fué en compañía (1547) del Príncipe a Monzón, ya con capa y espada. Desde allí se partió para Barcelona a hallarse en el entierro de su padre, cuyo cuerpo habían traído de Madrid, donde estaba depositado; enterróse en la Capilla del Palau, que en compañía de su mujer había reedificado y dotado.

Su madre le mandó a la Corte del Emperador, que se hallaba en Alemania. Partió de Barcelona el 11 de diciembre de 1547, y llegado a la Corte, entonces en Augusta, fue muy bien recibido por el Emperador Don Carlos. Siguióle en su ida a Flandes, en donde, durante los obsequios que se hicieron a la hermana del Emperador, la Reina de Francia Doña Leonor, frecuentó y organizó fiestas y torneos; en una de ellas sacó dos cuadrillas, una de su persona, en que entraban caballeros deudos y amigos suyos, armados de caballos ligeros para escaramuzar, y otra de sus criados, vestidos a la húngara. Llegado el Príncipe Felipe, no pudo conseguir que le hiciera su gentilhombre de cámara, aunque el Emperador se había empeñado en ello. Estando en Bruselas y continuándose las fiestas, quiso el Príncipe justar en un ensayo con el Comendador Mayor, el cual, por ser la primera vez que justaba con Su Alteza, le alzó la lanza y, volviendo a correr la segunda, pensó que justaba con otro y acertó a ser el Príncipe; encontróle en la celada y, por ser poco estofada, le amorteció y derribó en tierra.

Al otro de esta fiesta le llegó la nueva de la muerte de su madre en Barcelona (25 abril 1549); con que se volvió a su ciudad. En ella recibió al Príncipe al desembarcar de vuelta a España (12 julio 1551), y de orden suya hospedó en el Palau al Príncipe del Piamonte Manuel Filiberto de Saboya, que venía en su compañía. Comenzó entonces a tratar de su matrimonio con Dª Jerónima, hija del maestro racional de Cataluña D. Francisco Gralla y Desplá y Dª Guiomar de Estalrich, que por no tener hijo varón sus padres, había de heredar toda su herencia, que era mucha. Se opuso el padre tenazmente, por querer casar a su hija con el Conde de Aytona, al matrimonio con Requesens, que, por otra parte, era vivamente apoyado por la madre, D. Guiomar; de aquí la discordia familiar; de nada valió la intercesión del Príncipe. Partió éste de Barcelona; el Comendador Mayor se fué a Madrid, adonde se había pasado la Corte y estaba ya convocado Capítulo general de la Orden de Santiago, en el cual fue elegido por uno de los trece, no teniendo más de veintitrés años. Por este tiempo, el maestro nacional, no pudiendo persuadir a Dª Jerónima, la desheredó, y casó a su hija segunda, Dª Lucrecia, con el Conde de Aytona; Dª Jerónima se fue con su madre, cuyo apellido tomó.

En el Capítulo de la Orden, aún duraba, se resolvió quedando el Emperador cuatro galeras armadas a la orden, ella las sustentase por tres años con intención de proseguirlo, si el negocio sucedía bien; y hecho el asiento entre el Emperador y la Orden, y aceptado y confirmado por el Príncipe, como gobernador de España, fue propuesto por todo el Capítulo el Comendador Mayor para Capitán General de estas galeras, y el Príncipe lo proveyó luego. El aceptó a instancia de toda la Orden; también, viéndose excluido de la casa del Príncipe, quiso probar el camino del mar. Por varios estorbos y rivalidades, llegó al mes de mayo (1552) sin que se pudiesen armar las galeras, y desconfiados los del Capítulo, nombraron al Comendador Mayor para que fuese a Alemania a tratar con el Emperador los negocios que del Capítulo habían resultado.

Partió de Madrid para Alemania el 12 de junio de 1552, por la posta, a embarcarse en Barcelona; allí, después de varios dares y tomares y pesadumbres, y aun porfías de Dª Jerónima, se resolvió a efectuar el matrimonio; y porque habían ya partido las galeras en que el Comendador Mayor se había de embarcar y quedaba una fragata con que las había de alcanzar, comenzaron a medianoche a hacerse los capítulos, y antes de amanecer se desposó y dentro de una hora se fue a embarcar.

Desembarcó en Génova y de allí pasó a Milán, donde se puso en orden para la empresa que el Emperador quería hacer, con él pasó al sitio de Metz, en Lorena, a mediados de octubre, y habiéndose tenido que retirar el Emperador, apretado por la gota, y dejado el ejército al Duque de Alba, que era Capitán General, el Comendador continuó en la lucha, hallándose en todas las escaramuzas que tuvieron con los de dentro.

Fue desgraciado aquel cerco y hubo en el ejército grandes enfermedades. El día de Navidad, acabando de comulgar con los caballeros de la Orden, le dió una calentura, de que estuvo desahuciado; antes que estuviese fuera de peligro, se retiró el campo de sobre Metz, y él, con un viaje penoso, llegó a Bruselas, donde estaba ya el Emperador, con el cual trató los negocios de su Orden. Partió de Bruselas el 3 de abril de 1553, y en las galeras del Duque de Alba llegó a Barcelona.

Al día siguiente se veló y consumó el matrimonio. En Valladolid dio cuenta al Capítulo del despacho que traía del Emperador sobre las pretensiones que la Orden tenía, y habiéndole remitido los del Capítulo la solicitud de este negocio, nombró por abogado al licenciado, Andrés Ponce de León, que años adelante fue su consejero en el gobierno de Milan. Llegada Navidad, se fue a Villarejo de Salvanés y habiendo acaecido la muerte de la Duquesa de Calabria, su parienta, se marchó a Valencia, donde supo que se había hallado un testamento de la Duquesa del año 1535, cuando estaba casada con el Duque de Nassau, en que dejaba por universal heredero de todos sus bienes libres a su primo D. Juan de Zúñiga, padre de Requesens, y después de sus días y de su mujer, a la hija mayor que tuviese, con condición de hacer cierto casamiento, y que si esto no se hacía, los heredase el hijo mayor de D. Juan de Zúñiga; de manera que en el caso que sucedió venía él a ser heredero. Tuvo sobre esto varios pleitos con D. Diego Hurtado de Mendoza, Conde de Saldaña, hijo mayor del Duque del Infantado, que estaba casado con Dª María de Mendoza hermana de la Duquesa difunta Dª Mencía y su sucesora en el marquesado de Cenete y en su mayorazgo. También tuvo pleito con su hermana Dª Hipólita, recién casada con don Pedro Gilabert de Centellas, cuarto Conde de Oliva; la cual alegaba que había sido llamada primero que su hermano, y que no estaba obligada a cumplir la condición del casamiento que se le había impuesto, pues la testadora la había casado de su mano. Finalmente vino la herencia en poder de D. Luis de Requeséns.

Estando en Valladolid le llegó noticia de que el menor de los dos hermanos que tenía, D. Diego, estudiante en Alcalá, se había hecho franciscano; se opuso al principio a que continuara en su vocación; luego, asegurado de su firme voluntad, le dejó en paz. Acabado el Capítulo de la Orden y embarcado el Príncipe en La Coruña (12 julio 1554) para ir a casarse en Inglaterra, él se volvió a Barcelona con el fin de acabar de armar las galeras de la Orden, cuyo Comandante era.

Aquí tuvo el primer, encuentro serio y la primera explosión ruidosa de su ira. Andaba paseándose un día (el 20 de septiembre de 1554) por delante del mar, en una mula, con el Marqués de Tarifa, D. Perafán Enríquez de Ribera, que era Virrey de Cataluña, cuando vio embestir su galera y quitar su estandarte. Rojo de ira arremetió por la lengua de tierra para meterse en el agua; el Marqués de Tarifa picó duro al caballo y siguióle y prendióle y llevóle preso a su misma posada. Era que había llegado al puerto D. Bernardino de Mendoza, Capitán General de las galeras de España, con cuatro galeras reforzadas que pasaban a Italia, y estando las galeras de la Orden con solos los marineros, se saludaron los Capitanes pero viendo D. Bernardino que no se le abatía el estandarte de la Capitana del Comendador, la embistió con furia, echando cincuenta o sesenta soldados dentro, que quitaron el estandarte, y llevaron presos al patrón y al sotocómitre. Alborotóse toda la ciudad; llegó la noticia a Don Juan, hermano del Comendador Mayor, y salió en seguida con la gente que pudo para irse a pie a la marina y esperar a D. Bérnardino y vengar la ofensa. Avisado éste por el Virrey, se cuidó bien de desembarcar en Barcelona ni en alguna otra parte de Cataluña, donde D. Juan le esperara, y siguió su viaje a Italia con toda presteza.

Envió el Comendador Mayor a dar cuenta a Dª Juana, Princesa de Portugal, gobernadora de España, con D. Lope de Francia, señor de Bureta, y escribió asimismo cartas sobre ello al Emperador y al Rey, que estaban en Flandes e Inglaterra.

Informado el Consejo de órdenes de lo hecho por D. Bernardino, ordenó que se procediera rigurosamente contra él, y mandó al fiscal a Barcelona a tomar información del caso. En el Consejo de Estado y Guerra no se tomó ninguna provisión siempre lo remitieron todo al Emperador y al Rey.

Llegó de Flandes a Valladolid (febrero de 1556) la declaración hecha por el Rey, en quien el Emperador había renunciado ya sus Estados; y era que D. Bernardino, como Capitán General de las galeras de España, había podido hacer lo que hizo, sin ofender en ello al Comendador Mayor. Resentido, dimitió el cargo.

Estando en Valladolid, le escribió Juan de Vega, Presidente del Consejo real, que S.M. le había nombrado Asistente de Sevilla, y aunque era cargo de mucha honra y autoridad, Requeséns, que estaba aún ofendido, no quiso aceptarlo. El mismo año de 1557, en 27 de septiembre, nació su primera hija, a la cual llamaron Mencía de Mendoza, del nombre de la difunta Duquesa de Calabria, a la cual heredaba. El 19 de abril de 1559, nació su único hijo, que recibió nombre de Juan de Zúñiga, según lo estipulado. El tercer día de Navidad del mismo año asistió en Toledo a la primera misa de su hermano, fray Diego. Cantóse la misa en San Juan de los Reyes y concurrió toda la Corte, pues estaba allí otra vez S.M.

La Corte se mudó a Madrid, y siguióla el Comendador Mayor. Allí, en diciembre de 1561, recibió la visita de fray Bernardo de Fresneda, franciscano, confesor del Rey, que le participó haber sido nombrado por S.M. para Embajador ante el Papa Pío IV; después de consultarlo con su mujer y hermano, aceptó. Señaláronle 8.000 ducados de oro, pagaderos en Nápoles, y 10.000 ducados de ayuda de costa, por una vez, para el camino. Enfermó otra vez gravemente.

Partió de Madrid el 22 de diciembre de 1562 para Villarejo de Salvanés; allí estuvo hasta la Pascua, pasada la cual se trasladó a Valencia y de allí a Barcelona. En todo aquel verano no pasaron galeras para Italia, que todas, se ocuparon en el socorro de Orán. Las primeras que zarparon fueron las de la Religión de San Juan y las del Duque de Florencia. Embarcóse en la capitana de las sanjuanistas, cuyo Capitán General era Juan Vicente de Gonzaga, el que fué más adelante Cardenal Gonzaga; desembarcó en Civitavecchia; de allí pasó a Bracciano, donde adoleció su hija, y con ella quedó su mujer. Hizo su entrada en Roma el 25 de septiembre de 1563, con grande solemnidad.

El principal negocio que tuvo en esta embajada fue la cuestión de la precedencia con el Embajador de Francia en las capillas papales. Como el Papa, después de mil incidentes desagradables, diera el lugar de preferencia al francés, el de España dio de ello cuenta a S.M. En señal de protesta, Felipe II mandó al Comendador Mayor que se saliese de Roma y dijese a Su Santidad que le revocaba de Embajador suyo, aunque no de la Sede Apostólica.

Cumplió su Embajador lo que se le ordenaba, y el último día de agosto de 1564 se partió por la posta; pero de orden del Rey Católico se fue entreteniendo en Italia disimuladamente, porque quería que, si el Papa moría, el Embajador volviese a Roma. Quedóse en Génova, desde donde envió a su mujer a los baños de Luca, donde llegó a punto de muerte. Estando en Luca el Comendador Mayor, le vino la licencia para volver a España; licencia que él había pedido con grande instancia.

Teniendo noticia de que el Papa estaba malo, se encamino con disimulo hacia Roma; pero antes de que llegase, Pío IV había muerto; su llegada fue el mismo día en que el Conclave se cerró. Comenzó a trabajar por la exclusión de los franceses y del Cardenal de Ferrara, Luis de Este, protector de los asuntos de Francia ante la Santa Sede, y en favor del Cardenal Alejandrino; lo que consiguió, pues fue elegido con el nombre de Pío V.

Esta elección fue de grandísimo contentamiento de Felipe II, quien luego envió orden al Comendador Mayor que se quedase por Embajador en Roma. Desempeñó esta Embajada a satisfacción del Papa y del Rey. En ella lo que le dio más trabajo fue lo del Cardenal Arzobispo de Toledo, fray Bartolomé Carranza, procesado por la inquisición española. Entendiendo que el conocimiento de esta causa tocaba al Papa, se afanó por que el Rey enviase a Roma al Cardenal y su proceso, y el Papa prometiese que hasta la terminación de la causa le tendría preso, que en la administración del arzobispo no se haría novedad y que Su Santidad sólo tendría voto decisivo, admitiendo por votos consultivos todos los que enviase S. M.

En esta sazón llegó a Madrid D. García de Toledo, que era entonces Virrey de Nápoles y Capitán General de la mar, y viendo el Rey su poca salud, le descargó y nombró Capitán General de la mar a su hermano, D. Juan de Austria. Pero siendo D. Juan de pocos años y experiencia, quiso poner a su lado a una persona de entera confianza que le rigiese y aconsejase. El nombramiento recayó en la persona del Comendador Mayor D. Luis de Requesens; el documento lleva la fecha de Madrid, 22 de marzo de 1568. En él se le dan amplios poderes; en su Embajada fue sustituido por su hermano don Juan de Zúñiga. Mientras navegaban, hacíalo el Comendador. Mayor en la galera real y comía con Don Juan de Austria, por disposición del Rey; de dos galeras que le habían señalado para su casa, hizo Capitán a Don Alejandro Torrellas, y en ellas traía muchos parientes y amigos, a quienes hacía el plato.

Tuvieron por entonces pesadas diferencias Pío V y Felipe II, en materias de jurisdicción, el caballo de batalla de aquel tiempo. Felipe II mandó al Comendador Mayor a Roma con una larga instrucción refiriendo todas las quejas que tenía de Su Santidad en esta materia, añadiendo que aunque hijo devoto de la Santa Sede, no quería perder ninguna preeminencia de las que por privilegio de la Santa Sede o por permisión se habían usado en sus reinos en tiempo de sus predecesores.

Llegó el Comendador Mayor a Roma el 20 de septiembre de 1568, e hizo con tanta eficacia y fuerza su embajada, que el Papa quedó resentido y comenzó a entibiarse en el amor que hasta ahora le había tenido. Terminada su comisión, el Rey le mando otra vez, al mar, y antes que pudiesen estar en orden las galeras en que había de ir, se rebelaron los moriscos del reino de Granada. Para asentar aquello quiso el Rey que llevase parte de los tercios de la infantería española de Nápoles y de Milán, y ordenase lo que debían hacer las demás galeras que estaban en Italia; dejando a su mujer gravemente enferma, salió de Roma a los 23 de marzo de 1569, se embarcó el 24 en Civitavecchia y en Liona tomó las galeras del Duque de Florencia, que estaban; entonces a sueldo de S.M., y en Génova las de particulares genoveses. Llegado a Marsella, le dió una recia calentura que le obligó a estar en cama con peligro de la vida. Como estaban las cosas en Francia muy revueltas, no desembarcó reanudaron el viaje el 18 de abril de 1569, en el que corrieron gran fortuna por una deshecha tempestad que dividió la flota: su galera vino a parar a Mahón, donde desembarcó a dar gracias a Dios de haberle librado de tan gran peligro. Las demás corrieron hacia Cerdeña, y dos de ellas se hundieron antes de llegar a la isla y cuatro dieron de través; las demás aportaron a salvamento. El Comendador Mayor llegó a Palamós en su galera el 28 de abril; pasó a Barcelona, y luego, continuando el viaje, llegó a la playa de Vélez Málaga el 3 de junio. De allí mandó a su primo Don Miguel de Moncada a Granada, a ponerse bajo el mando de D. Juan de Austria.

La primera empresa en que se ocupó fue en sujetar a los moriscos sublevados de la sierra de Ventamis, que se habían retirado al fuerte de la sierra de Giras. Tomóse el fuerte; pero Felipe II no aprobó la acción, escribiendo a D. Juan de Austria: «no hizo lo que había de hacer, teniendo a su cargo las galeras»

Don Juan de Austria, en toda la tierra de las Alpujarras, tuvo a D. Luis de Requesens al lado, puesto por Felipe II como mentor, cuyo consejo había de seguir sin poderse apartar de él.

Vuelto D. Juan de Austria al mar, siguióle D. Luis de Requeséns como lugarteniente general suyo y con Las mismas amplísimas facultades; las cuales fueron causa de resentimientos y reyertas entre el pundonoroso y ardiente joven y el integérrimo y celoso consejero.

Como Lugarteniente general de D. Juan de Austria en la mar, intervino muy eficazmente, al lado del Generalísimo, en la batalla de Lepanto; después de la cual pasó a Milán de Gobernador de aquellos Estados por Felipe II (1571-1573). Nombrado Gobernador de los Países Bajos, partió para allá, mal de su grado, sucediendo al Duque de Alba. A pesar de sus esfuerzos inauditos, de trabajos abrumadores y de algún éxito en la guerra, sucumbió en la empresa de la pacificación de aquellos Estados, en que había fracasado el Duque de Alba, y en la que tampoco había de triunfar su sucesor D. Juan de Austria. Murió como ferviente católico en Bruselas, el 5 de marzo de 1576. Su cuerpo fue trasladado a Barcelona y enterrado en la tumba familiar de su capilla del Palau (1577).