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martes, 16 de marzo de 2010

D. Narciso Bonamich

       Este médico de origen catalán, curso sus estudios de  medicina en Alcalá de Henares, y una vez finalizados pasó a desempeñar su profesión como médico titular de Villarejo de Salvanés.
Escribió  algunos discursos o duelos médicos, contra la obra escrita por el padre Fray Benito Feijoo denominada “teatro crítico” y contra la obra del monje cisterciense Fr. Antonio Rodríguez denominada “palestra médica”, rebatiendo los de estos que acusaban a la ciencia médica.
Este ilustrado y celoso médico, conociendo los incalculables perjuicios que podrían irrogarse a la humanidad si se dejaban correr libremente las temerarias proposiciones del padre Feijoo, tanto más cuanto que estaban autorizadas por un nombre de reconocida celebridad, trató de oponer con su obra un dique a tan ilustre escritor, haciendo ver que sus opiniones médicas, ni llevaban el sello de la imparcialidad, ni menos se ajustaban a las estrictas leyes de la razón, y de una sana lógica.
Cuando estaba próximo a dar los escritos a la imprenta le sobrevino una terrible enfermedad. Los habitantes del pueblo se reunieron, y cual si fuera para orar a Dios para que les enviase el agua a sus campos, hicieron rogativas públicas para que le concediese la salud. Murió el 26 de Mayo de 1741. Este día fue de luto y de lágrimas para el pueblo, y deseando este dar un testimonio de su gratitud a la viuda, le señalaron una pensión vitalicia pagada de los fondos de la villa. En su féretro se leía el siguiente elogio escrito por su hermano D. Rafael, religioso franciscano.
Décimas:

Al marchitarte, Narciso,
en la hora de un momento,
diste al sabio documento,
y a la juventud aviso:
viviste en flor lo preciso;
y al dar el fruto fecundo,
fatal soplo furibundo,
de oíros progresos pirata,
envidioso te arrebata,
antes de verlos, el mundo.
Saliste a este mundo flor,
(En ser Narciso se ve);
y al salir al mundo, se
percibió tu buen olor:
flor te secaste al ardor
de una fiebre (¡fiero azar!);
mas no pudo marchitar
la memoria de tu ser.
Que inmortal se deja ver
en obra tan singular.
Pero ¡oh, que en breve te vas!
que ave aligera y veloz,
cuando se esparce tu voz,
ya el vuelo valiendo estás:
quedó tu fama no más,
que llegó a sustituir
en tu ausencia; y al huir
nadie lince pudo ser,
que ave te llegase a ver,
aunque más le llegue a oír.
Una pluma (¡qué rigor!)
al cisne le haces cantar,
cuando está para espirar;
pero al fin muere cantor:
canta a fuerza de dolor,
del cual llega a fenecer:
a este quieres parecer,
cantando cisne al morir;
pues con pluma al escribir,
cantas para perecer.
Cinco lustros no contaste
cuando este empeño emprendiste:
llegó tu fin, fin le diste,
y tu gloria al fin cantaste:
con la muerte coronaste
la obra que el lauro eslabona
a tu fama, y te pregona
(Porque al orbe luto asombre)
inmortal en tu buen nombre,
Que el fui las obras corona.




Doña Rosa Vázquez, esposa del doctor Bonamich publicó en su nombre la obra denominada “Duelos médicos, contra el teatro crítico del reverendísimo padre Fray Benito Feijoo y contra la palestra médica del padre Fr. Antonio Rodríguez”. Madrid 1741.
El autor dividió su obra en siete duelos o discursos, de los cuales consagra uno a rebatir las ideas del padre Feijoo, y los otros últimos contra las del padre Rodríguez.
En el prólogo prueba la excelencia y necesidad y beneficios de la medicina.
En el duelo l.° demuestra la falsedad de la opinión de aquellos que dudaban de la eficacia de la medicina. Demuestra la inexactitud de la proposición asentada por el padre Feijoo, que dice.. Todo en la medicina está disputado, luego todo se ignora. Hace ver que no es lo mismo disputarse una cosa que ignorarse.
En el duelo 2.° dirigido como los restantes a combatir la Palestra médica del P. Rodríguez, tiene por objeto manifestar que el médico, para curar los males con acierto, puede prescindir del conocimiento a priori de las causas que los determinaron, siendo suficiente que sepa evaluar los resultados que haya dado de sí una constante observación y una larga experiencia.
En el 3.° prueba contra la opinión del padre Rodríguez, que la división de la medicina en fisiología , patología, semeyótica, (estudio de los síntomas  o signos subjetivos de una enfermedad para dar un diagnostico) terapéutica, etc. era absolutamente necesaria para conocer y dirigir las enfermedades con acierto.
En el 4.° prueba contra el padre Rodríguez la utilidad de la sangría.
En el duelo 5.° habla de las calenturas en general.
En el 6.° se esfuerza en probar contra la opinión del padre Rodríguez, las ventajas y utilidades de los experimentos químicos en la medicina.
Eu el 7.° Demuestra los mismos extremos respecto a los anatómicos.
La obra de BONAMICH, es de las que mejor han defendido las ventajas y beneficios que produce la medicina, y que al mismo tiempo ha combatido victoriosamente las sátiras y vilipendio de sus detractores y demuestra a la vez las ventajas que reporta a la sociedad, la tan espinosa como sublime ciencia de curar.

Fuentes: Anales históricos de la medicina en general: y biográfico, Volumen 3, impreso en 1848, escrito por  D. Anastasio Chinchilla.
Historia bibliográfica de la medicina española, Volumen 7, escrito por Antonio Hernández Morejón.

domingo, 21 de junio de 2009

D. Gregorio Martínez Sacristán, obispo de Zamora


Su Santidad el Papa Benedicto XVI nombró Obispo de Zamora el 15 de diciembre de 2006 a nuestro paisano y tomó posesión de la diocesis el 4 de febrero de 2007.

D. GREGORIO MARTÍNEZ SACRISTÁN, nació el 29 de diciembre de 1946 en Villarejo de Salvanés, provincia de Madrid y diócesis de Alcalá de Henares.

Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor de Madrid.

De 1974 a 1976 estudió en el Instituto Católico de París, donde obtuvo la Licenciatura en Teología, con especialización en Catequética.

Fue ordenado sacerdote en Madrid, el 20 de mayo de 1971, quedando incardinado en la archidiócesis de Madrid.
Ha desempeñado los siguientes cargos:
  • 1971-1974: Coadjutor de la parroquia de Colmenar de Oreja (Madrid).
  • 1976-1978: Coadjutor de la parroquia de Santa Eugenia de Madrid.
  • 1976-1982: Responsable del Departamento para los Adultos de la Delegación Diocesana de Catequesis.
  • 1978: Capellán del Hospital Beata María Ana de Jesús.
  • 1988-1995: Director del Instituto de Teología a distancia de Madrid.
  • 1983-2002: Colaborador en la parroquia de San Vicente Ferrer de Madrid.
  • 1995: Delegado diocesano de Catequesis
  • 2002: Profesor de Catequética en la Facultad de Teología San Dámaso y colaborador en la Parroquia de San Ginés de Madrid.
  • 2003: Miembro del Consejo Presbiteral.
  • 2005: Miembro y Relator del III Sínodo Diocesano de Madrid.
Mi enhorabuena a D. Gregorio por su nuevo cargo dentro de la Iglesia.

domingo, 1 de marzo de 2009

D. GONZALO APONTE DE QUIÑONES.

Gonzalo Aponte de Quiñones (1571-1623), alias Gonzalo Lope de Aponte, del Consejo de Castilla, oidor en Granada, catedrático del Instituto y Prima de Cánones en la Universidad de Valladolid.

Natural de Villarejo de Salvanés, en la diócesis de Toledo, "pequeño de cuerpo pero de grandes letras", hizo los primeros estudios en Madrid y los de leyes en Salamanca, donde se graduó como bachiller en ambos derechos. Ingresó en el Colegio Mayor de Santa Cruz de Valladolid el 8 de febrero de 1571, ocupando la prebenda dejada vacante por el licenciado Junco de Posada.

Graduado de Licenciado en Cánones por Valladolid (abril 1575) pasó a explicar durante apenas un mes del año 1576 la cátedra de Instituto, teniendo que dejarla por enfermedad. Una vez recuperado obtuvo la Prima, ya que el 25 de marzo de 1579, cuando la toma el doctro Alonso de Anaya Pereira, se dice está vacante por ascenso del licenciado Gonzalo Aponte a oidor de la Chancillería de Granada.

Oidor del Consejo de Indias en 1595, pasó a vivir en Madrid y a vincularse definitivamente a la Corte a partir de dicha fecha, sumando nuevos cargos y empleos, como consejero de la Cámara de Indias (19 enero 160), miembro del Consejo Real (18 febrero 1604) y visitador de la Audiencia de Pamplona (1612)

domingo, 15 de febrero de 2009

DON LUIS DE REQUESENS Y ZUÑIGA


Don Luis de Requesens tuvo por padres a D. Juan de Zúñiga y Avellaneda, hijo del segundo Conde de Miranda, y a Dª Estefanía de Requesens, de la rica y noble familia catalana de este nombre, señora de la villa de Molinos de Rey, de la villa y baronía de Martorell, con los lugares de Sasroviras, Castellbisbal y Castellví de Rosanes, y del antiguo Palacio menor de los Reyes de Aragón en Barcelona, llamado el Palau. Nació el 25 de agosto de 1528, en la cámara rica del paramento de aquel palacio, fue bautizado a los 28 del mismo mes en la parroquia de dicha casa, la iglesia ahora derruida de San Miguel.

Crióse delicado y enfermo; teniéndole una vez casi por muerto, su madre le dejó en el altar de Nuestra Señora en Montserrat, donde visiblemente comenzó a cobrar salud. Tuvo por preceptor a Juan de Arteaga y Avendaño, que había sido uno de los primeros compañeros de San Ignacio, cuando comenzó a juntarlos en España. Habiendo sido nombrado su padre ayo del Príncipe D. Felipe (al principio del año 1535), comenzó a servir al Príncipe de paje y fue uno de los niños que con él estudiaban; él llevó su guión mientras fue paje. En 1537 hízole merced el Emperador del hábito de Santiago. Entendiendo su padre que el estudio que se hacía con el Príncipe no era de mucho provecho, le dió por maestro particular al humanista Cristóbal Calvete de Estrella. Corría la sortija y justaba con el Príncipe y sus pajes con gentileza; con esto su carácter irritable y áspero se dulcificó.

Acompañó al Príncipe en su casamiento (1543) con Doña María de Portugal; y habiendo muerto ésta de sobreparto, el 12 de julio de 1545, asistió a Don Felipe en su retiro en el Monasterio del Abrojos. Al morir su padre (27 de junio de 1546), le hizo merced el Emperador Don Carlos V de la encomienda mayor de Castilla, que había tenido aquél. Estuvo gravemente enfermo y sufrió una peligrosa herida; fué en compañía (1547) del Príncipe a Monzón, ya con capa y espada. Desde allí se partió para Barcelona a hallarse en el entierro de su padre, cuyo cuerpo habían traído de Madrid, donde estaba depositado; enterróse en la Capilla del Palau, que en compañía de su mujer había reedificado y dotado.

Su madre le mandó a la Corte del Emperador, que se hallaba en Alemania. Partió de Barcelona el 11 de diciembre de 1547, y llegado a la Corte, entonces en Augusta, fue muy bien recibido por el Emperador Don Carlos. Siguióle en su ida a Flandes, en donde, durante los obsequios que se hicieron a la hermana del Emperador, la Reina de Francia Doña Leonor, frecuentó y organizó fiestas y torneos; en una de ellas sacó dos cuadrillas, una de su persona, en que entraban caballeros deudos y amigos suyos, armados de caballos ligeros para escaramuzar, y otra de sus criados, vestidos a la húngara. Llegado el Príncipe Felipe, no pudo conseguir que le hiciera su gentilhombre de cámara, aunque el Emperador se había empeñado en ello. Estando en Bruselas y continuándose las fiestas, quiso el Príncipe justar en un ensayo con el Comendador Mayor, el cual, por ser la primera vez que justaba con Su Alteza, le alzó la lanza y, volviendo a correr la segunda, pensó que justaba con otro y acertó a ser el Príncipe; encontróle en la celada y, por ser poco estofada, le amorteció y derribó en tierra.

Al otro de esta fiesta le llegó la nueva de la muerte de su madre en Barcelona (25 abril 1549); con que se volvió a su ciudad. En ella recibió al Príncipe al desembarcar de vuelta a España (12 julio 1551), y de orden suya hospedó en el Palau al Príncipe del Piamonte Manuel Filiberto de Saboya, que venía en su compañía. Comenzó entonces a tratar de su matrimonio con Dª Jerónima, hija del maestro racional de Cataluña D. Francisco Gralla y Desplá y Dª Guiomar de Estalrich, que por no tener hijo varón sus padres, había de heredar toda su herencia, que era mucha. Se opuso el padre tenazmente, por querer casar a su hija con el Conde de Aytona, al matrimonio con Requesens, que, por otra parte, era vivamente apoyado por la madre, D. Guiomar; de aquí la discordia familiar; de nada valió la intercesión del Príncipe. Partió éste de Barcelona; el Comendador Mayor se fué a Madrid, adonde se había pasado la Corte y estaba ya convocado Capítulo general de la Orden de Santiago, en el cual fue elegido por uno de los trece, no teniendo más de veintitrés años. Por este tiempo, el maestro nacional, no pudiendo persuadir a Dª Jerónima, la desheredó, y casó a su hija segunda, Dª Lucrecia, con el Conde de Aytona; Dª Jerónima se fue con su madre, cuyo apellido tomó.

En el Capítulo de la Orden, aún duraba, se resolvió quedando el Emperador cuatro galeras armadas a la orden, ella las sustentase por tres años con intención de proseguirlo, si el negocio sucedía bien; y hecho el asiento entre el Emperador y la Orden, y aceptado y confirmado por el Príncipe, como gobernador de España, fue propuesto por todo el Capítulo el Comendador Mayor para Capitán General de estas galeras, y el Príncipe lo proveyó luego. El aceptó a instancia de toda la Orden; también, viéndose excluido de la casa del Príncipe, quiso probar el camino del mar. Por varios estorbos y rivalidades, llegó al mes de mayo (1552) sin que se pudiesen armar las galeras, y desconfiados los del Capítulo, nombraron al Comendador Mayor para que fuese a Alemania a tratar con el Emperador los negocios que del Capítulo habían resultado.

Partió de Madrid para Alemania el 12 de junio de 1552, por la posta, a embarcarse en Barcelona; allí, después de varios dares y tomares y pesadumbres, y aun porfías de Dª Jerónima, se resolvió a efectuar el matrimonio; y porque habían ya partido las galeras en que el Comendador Mayor se había de embarcar y quedaba una fragata con que las había de alcanzar, comenzaron a medianoche a hacerse los capítulos, y antes de amanecer se desposó y dentro de una hora se fue a embarcar.

Desembarcó en Génova y de allí pasó a Milán, donde se puso en orden para la empresa que el Emperador quería hacer, con él pasó al sitio de Metz, en Lorena, a mediados de octubre, y habiéndose tenido que retirar el Emperador, apretado por la gota, y dejado el ejército al Duque de Alba, que era Capitán General, el Comendador continuó en la lucha, hallándose en todas las escaramuzas que tuvieron con los de dentro.

Fue desgraciado aquel cerco y hubo en el ejército grandes enfermedades. El día de Navidad, acabando de comulgar con los caballeros de la Orden, le dió una calentura, de que estuvo desahuciado; antes que estuviese fuera de peligro, se retiró el campo de sobre Metz, y él, con un viaje penoso, llegó a Bruselas, donde estaba ya el Emperador, con el cual trató los negocios de su Orden. Partió de Bruselas el 3 de abril de 1553, y en las galeras del Duque de Alba llegó a Barcelona.

Al día siguiente se veló y consumó el matrimonio. En Valladolid dio cuenta al Capítulo del despacho que traía del Emperador sobre las pretensiones que la Orden tenía, y habiéndole remitido los del Capítulo la solicitud de este negocio, nombró por abogado al licenciado, Andrés Ponce de León, que años adelante fue su consejero en el gobierno de Milan. Llegada Navidad, se fue a Villarejo de Salvanés y habiendo acaecido la muerte de la Duquesa de Calabria, su parienta, se marchó a Valencia, donde supo que se había hallado un testamento de la Duquesa del año 1535, cuando estaba casada con el Duque de Nassau, en que dejaba por universal heredero de todos sus bienes libres a su primo D. Juan de Zúñiga, padre de Requesens, y después de sus días y de su mujer, a la hija mayor que tuviese, con condición de hacer cierto casamiento, y que si esto no se hacía, los heredase el hijo mayor de D. Juan de Zúñiga; de manera que en el caso que sucedió venía él a ser heredero. Tuvo sobre esto varios pleitos con D. Diego Hurtado de Mendoza, Conde de Saldaña, hijo mayor del Duque del Infantado, que estaba casado con Dª María de Mendoza hermana de la Duquesa difunta Dª Mencía y su sucesora en el marquesado de Cenete y en su mayorazgo. También tuvo pleito con su hermana Dª Hipólita, recién casada con don Pedro Gilabert de Centellas, cuarto Conde de Oliva; la cual alegaba que había sido llamada primero que su hermano, y que no estaba obligada a cumplir la condición del casamiento que se le había impuesto, pues la testadora la había casado de su mano. Finalmente vino la herencia en poder de D. Luis de Requeséns.

Estando en Valladolid le llegó noticia de que el menor de los dos hermanos que tenía, D. Diego, estudiante en Alcalá, se había hecho franciscano; se opuso al principio a que continuara en su vocación; luego, asegurado de su firme voluntad, le dejó en paz. Acabado el Capítulo de la Orden y embarcado el Príncipe en La Coruña (12 julio 1554) para ir a casarse en Inglaterra, él se volvió a Barcelona con el fin de acabar de armar las galeras de la Orden, cuyo Comandante era.

Aquí tuvo el primer, encuentro serio y la primera explosión ruidosa de su ira. Andaba paseándose un día (el 20 de septiembre de 1554) por delante del mar, en una mula, con el Marqués de Tarifa, D. Perafán Enríquez de Ribera, que era Virrey de Cataluña, cuando vio embestir su galera y quitar su estandarte. Rojo de ira arremetió por la lengua de tierra para meterse en el agua; el Marqués de Tarifa picó duro al caballo y siguióle y prendióle y llevóle preso a su misma posada. Era que había llegado al puerto D. Bernardino de Mendoza, Capitán General de las galeras de España, con cuatro galeras reforzadas que pasaban a Italia, y estando las galeras de la Orden con solos los marineros, se saludaron los Capitanes pero viendo D. Bernardino que no se le abatía el estandarte de la Capitana del Comendador, la embistió con furia, echando cincuenta o sesenta soldados dentro, que quitaron el estandarte, y llevaron presos al patrón y al sotocómitre. Alborotóse toda la ciudad; llegó la noticia a Don Juan, hermano del Comendador Mayor, y salió en seguida con la gente que pudo para irse a pie a la marina y esperar a D. Bérnardino y vengar la ofensa. Avisado éste por el Virrey, se cuidó bien de desembarcar en Barcelona ni en alguna otra parte de Cataluña, donde D. Juan le esperara, y siguió su viaje a Italia con toda presteza.

Envió el Comendador Mayor a dar cuenta a Dª Juana, Princesa de Portugal, gobernadora de España, con D. Lope de Francia, señor de Bureta, y escribió asimismo cartas sobre ello al Emperador y al Rey, que estaban en Flandes e Inglaterra.

Informado el Consejo de órdenes de lo hecho por D. Bernardino, ordenó que se procediera rigurosamente contra él, y mandó al fiscal a Barcelona a tomar información del caso. En el Consejo de Estado y Guerra no se tomó ninguna provisión siempre lo remitieron todo al Emperador y al Rey.

Llegó de Flandes a Valladolid (febrero de 1556) la declaración hecha por el Rey, en quien el Emperador había renunciado ya sus Estados; y era que D. Bernardino, como Capitán General de las galeras de España, había podido hacer lo que hizo, sin ofender en ello al Comendador Mayor. Resentido, dimitió el cargo.

Estando en Valladolid, le escribió Juan de Vega, Presidente del Consejo real, que S.M. le había nombrado Asistente de Sevilla, y aunque era cargo de mucha honra y autoridad, Requeséns, que estaba aún ofendido, no quiso aceptarlo. El mismo año de 1557, en 27 de septiembre, nació su primera hija, a la cual llamaron Mencía de Mendoza, del nombre de la difunta Duquesa de Calabria, a la cual heredaba. El 19 de abril de 1559, nació su único hijo, que recibió nombre de Juan de Zúñiga, según lo estipulado. El tercer día de Navidad del mismo año asistió en Toledo a la primera misa de su hermano, fray Diego. Cantóse la misa en San Juan de los Reyes y concurrió toda la Corte, pues estaba allí otra vez S.M.

La Corte se mudó a Madrid, y siguióla el Comendador Mayor. Allí, en diciembre de 1561, recibió la visita de fray Bernardo de Fresneda, franciscano, confesor del Rey, que le participó haber sido nombrado por S.M. para Embajador ante el Papa Pío IV; después de consultarlo con su mujer y hermano, aceptó. Señaláronle 8.000 ducados de oro, pagaderos en Nápoles, y 10.000 ducados de ayuda de costa, por una vez, para el camino. Enfermó otra vez gravemente.

Partió de Madrid el 22 de diciembre de 1562 para Villarejo de Salvanés; allí estuvo hasta la Pascua, pasada la cual se trasladó a Valencia y de allí a Barcelona. En todo aquel verano no pasaron galeras para Italia, que todas, se ocuparon en el socorro de Orán. Las primeras que zarparon fueron las de la Religión de San Juan y las del Duque de Florencia. Embarcóse en la capitana de las sanjuanistas, cuyo Capitán General era Juan Vicente de Gonzaga, el que fué más adelante Cardenal Gonzaga; desembarcó en Civitavecchia; de allí pasó a Bracciano, donde adoleció su hija, y con ella quedó su mujer. Hizo su entrada en Roma el 25 de septiembre de 1563, con grande solemnidad.

El principal negocio que tuvo en esta embajada fue la cuestión de la precedencia con el Embajador de Francia en las capillas papales. Como el Papa, después de mil incidentes desagradables, diera el lugar de preferencia al francés, el de España dio de ello cuenta a S.M. En señal de protesta, Felipe II mandó al Comendador Mayor que se saliese de Roma y dijese a Su Santidad que le revocaba de Embajador suyo, aunque no de la Sede Apostólica.

Cumplió su Embajador lo que se le ordenaba, y el último día de agosto de 1564 se partió por la posta; pero de orden del Rey Católico se fue entreteniendo en Italia disimuladamente, porque quería que, si el Papa moría, el Embajador volviese a Roma. Quedóse en Génova, desde donde envió a su mujer a los baños de Luca, donde llegó a punto de muerte. Estando en Luca el Comendador Mayor, le vino la licencia para volver a España; licencia que él había pedido con grande instancia.

Teniendo noticia de que el Papa estaba malo, se encamino con disimulo hacia Roma; pero antes de que llegase, Pío IV había muerto; su llegada fue el mismo día en que el Conclave se cerró. Comenzó a trabajar por la exclusión de los franceses y del Cardenal de Ferrara, Luis de Este, protector de los asuntos de Francia ante la Santa Sede, y en favor del Cardenal Alejandrino; lo que consiguió, pues fue elegido con el nombre de Pío V.

Esta elección fue de grandísimo contentamiento de Felipe II, quien luego envió orden al Comendador Mayor que se quedase por Embajador en Roma. Desempeñó esta Embajada a satisfacción del Papa y del Rey. En ella lo que le dio más trabajo fue lo del Cardenal Arzobispo de Toledo, fray Bartolomé Carranza, procesado por la inquisición española. Entendiendo que el conocimiento de esta causa tocaba al Papa, se afanó por que el Rey enviase a Roma al Cardenal y su proceso, y el Papa prometiese que hasta la terminación de la causa le tendría preso, que en la administración del arzobispo no se haría novedad y que Su Santidad sólo tendría voto decisivo, admitiendo por votos consultivos todos los que enviase S. M.

En esta sazón llegó a Madrid D. García de Toledo, que era entonces Virrey de Nápoles y Capitán General de la mar, y viendo el Rey su poca salud, le descargó y nombró Capitán General de la mar a su hermano, D. Juan de Austria. Pero siendo D. Juan de pocos años y experiencia, quiso poner a su lado a una persona de entera confianza que le rigiese y aconsejase. El nombramiento recayó en la persona del Comendador Mayor D. Luis de Requesens; el documento lleva la fecha de Madrid, 22 de marzo de 1568. En él se le dan amplios poderes; en su Embajada fue sustituido por su hermano don Juan de Zúñiga. Mientras navegaban, hacíalo el Comendador. Mayor en la galera real y comía con Don Juan de Austria, por disposición del Rey; de dos galeras que le habían señalado para su casa, hizo Capitán a Don Alejandro Torrellas, y en ellas traía muchos parientes y amigos, a quienes hacía el plato.

Tuvieron por entonces pesadas diferencias Pío V y Felipe II, en materias de jurisdicción, el caballo de batalla de aquel tiempo. Felipe II mandó al Comendador Mayor a Roma con una larga instrucción refiriendo todas las quejas que tenía de Su Santidad en esta materia, añadiendo que aunque hijo devoto de la Santa Sede, no quería perder ninguna preeminencia de las que por privilegio de la Santa Sede o por permisión se habían usado en sus reinos en tiempo de sus predecesores.

Llegó el Comendador Mayor a Roma el 20 de septiembre de 1568, e hizo con tanta eficacia y fuerza su embajada, que el Papa quedó resentido y comenzó a entibiarse en el amor que hasta ahora le había tenido. Terminada su comisión, el Rey le mando otra vez, al mar, y antes que pudiesen estar en orden las galeras en que había de ir, se rebelaron los moriscos del reino de Granada. Para asentar aquello quiso el Rey que llevase parte de los tercios de la infantería española de Nápoles y de Milán, y ordenase lo que debían hacer las demás galeras que estaban en Italia; dejando a su mujer gravemente enferma, salió de Roma a los 23 de marzo de 1569, se embarcó el 24 en Civitavecchia y en Liona tomó las galeras del Duque de Florencia, que estaban; entonces a sueldo de S.M., y en Génova las de particulares genoveses. Llegado a Marsella, le dió una recia calentura que le obligó a estar en cama con peligro de la vida. Como estaban las cosas en Francia muy revueltas, no desembarcó reanudaron el viaje el 18 de abril de 1569, en el que corrieron gran fortuna por una deshecha tempestad que dividió la flota: su galera vino a parar a Mahón, donde desembarcó a dar gracias a Dios de haberle librado de tan gran peligro. Las demás corrieron hacia Cerdeña, y dos de ellas se hundieron antes de llegar a la isla y cuatro dieron de través; las demás aportaron a salvamento. El Comendador Mayor llegó a Palamós en su galera el 28 de abril; pasó a Barcelona, y luego, continuando el viaje, llegó a la playa de Vélez Málaga el 3 de junio. De allí mandó a su primo Don Miguel de Moncada a Granada, a ponerse bajo el mando de D. Juan de Austria.

La primera empresa en que se ocupó fue en sujetar a los moriscos sublevados de la sierra de Ventamis, que se habían retirado al fuerte de la sierra de Giras. Tomóse el fuerte; pero Felipe II no aprobó la acción, escribiendo a D. Juan de Austria: «no hizo lo que había de hacer, teniendo a su cargo las galeras»

Don Juan de Austria, en toda la tierra de las Alpujarras, tuvo a D. Luis de Requesens al lado, puesto por Felipe II como mentor, cuyo consejo había de seguir sin poderse apartar de él.

Vuelto D. Juan de Austria al mar, siguióle D. Luis de Requeséns como lugarteniente general suyo y con Las mismas amplísimas facultades; las cuales fueron causa de resentimientos y reyertas entre el pundonoroso y ardiente joven y el integérrimo y celoso consejero.

Como Lugarteniente general de D. Juan de Austria en la mar, intervino muy eficazmente, al lado del Generalísimo, en la batalla de Lepanto; después de la cual pasó a Milán de Gobernador de aquellos Estados por Felipe II (1571-1573). Nombrado Gobernador de los Países Bajos, partió para allá, mal de su grado, sucediendo al Duque de Alba. A pesar de sus esfuerzos inauditos, de trabajos abrumadores y de algún éxito en la guerra, sucumbió en la empresa de la pacificación de aquellos Estados, en que había fracasado el Duque de Alba, y en la que tampoco había de triunfar su sucesor D. Juan de Austria. Murió como ferviente católico en Bruselas, el 5 de marzo de 1576. Su cuerpo fue trasladado a Barcelona y enterrado en la tumba familiar de su capilla del Palau (1577).

jueves, 29 de enero de 2009

ROSQUILLAS DE LA TIA JAVIERA

Nada menos que nuestro Premio Nobel de Literatura Jacinto Benavente se ocupó de las legendarias "rosquillas de la Tía Javiera" en un artículo publicado en ABC en 1950. Decía Benavente: "Por haber sido mi padre médico titular de Villarejo de Salvanés y por ser de allí mi madre, he tenido cabal noticia de la verdadera Tía Javiera y de su descendencia. Cuando yo nací (Benavente nació en 1866) ya no existía la Tía Javiera, que, en efecto, no había dejado ni tías ni sobrinas, pero si una sobrina segunda que todos los años, por San Isidro, venía a Madrid y tenía su puesto con las más legítimas rosquillas de Villarejo y de la Tía Javiera... No vestía la lugareña como las de otros puestos similares; vestía como una señora de pueblo y llevaba al cuello un collar de aljófar de muchas vueltas..."
La que conoció Benavente era auténtica sobrina de la Tía Javiera. Pero luego debieron ser varias las que vendían rosquillas de Villarejo, titulandose hijas o sobrinas de aquella. Hasta que una rosquillera de Villarejo se le ocurrió colocar en su puesto un cartel, que se hizo, famoso y que decía: 'Yo, como la auténtica Tía Javiera, no tengo hijas ni sobrinas'."

EL DICHO "DE LA PROPIA TIA JAVIERA" SIGNIFICA "AUTENTICO, LEGÍTIMO Y BUENO
Las famosas rosquillas de la verdadera tía Javiera, fueron muy populares en Madrid durante las fiestas de San Isidro. Iribarren afirma en su obra "El porqué de los dichos" que el nombre de la repostera y su producto ha venido a significar, familiar y metafóricamente, «lo auténtico, legítimo y bueno» (El porqué..., p. 320). Menciona un artículo que Jacinto Benavente publicó en el diario ABC de Madrid en el año 1950 t itulado «Las rosquillas de la tía Javiera», en el que se explica quién era esta aldeana de Villarejo de Salvanés, el éxito alcanzado con sus rosquillas y los intentos de otras mujeres que, queriendo hacer pasar su mercancía por la auténtica, dieron motivo al giro proverbial. La frase, típicamente madrileña, la encontramos dos veces en Fortunata y Jacinta usada en circunstancias muy parecidas. La primera vez cuando Santa Cruz consuela a su esposa por el timo sufrido al querer adoptar a un niño creyéndolo hijo de su marido: «-No te apures, mujer, ya vendrá el verdadero "Pituso", el legítimo, de los propios cosecheros o de la propia tía Javiera» (FyJ, 146). Más adelante, cuando Fortunata trae al mundo al auténtico Pituso, la joven madre recurre al popular giro para recalcar la legitimidad, no legal ciertamente, de su vástago, y explica a Guillermina: «-Este sí que es el "Pituso" legítimo, el de la propia tía Javiera, ¿verdad, señora?» (FyJ, 513).

lunes, 26 de enero de 2009

D. DIEGO DE APONTE Y QUIÑONES




Nació en Villarejo de Salvanés (Madrid) alrededor de 1545.


Cursó los estudios eclesiásticos en Salamanca, y se doctoró en derecho Canónico.


Fue Capellán del Real convento de la Princesa Doña Juana en Madrid.


En 1585 fue nombrado Obispo de Oviedo. Allí fundo el Seminario y escribió un Catecismo para que los sacerdotes explicasen la Doctrina Cristiana. Y el rey Felipe II le encomienda como visitador de los Ministros de las Mesas de los Maestres de las Órdenes Militares.


Fue nombrado Obispo de Málaga por el papa Clemente VIII el 31 de Agosto de 1598, de la que tomó posesión y entró en la ciudad en 1599, cuando aún duraba la peste comenzada dos años antes.


Comenzó dando un fuerte impulso al remate de la nueva Catedral. Alentó la vida del Seminario Conciliar según las disposiciones del Concilio de Trento.


Profundamente comprometido en estos dos proyectos, sorprendió su fallecimiento repentino el 29 de Abril de 1599, cuatro meses después de su llegada a Málaga, siendo sepultado en la Catedral el día 30 de Abril.


Tiene dedicada una Calle en Málaga, en la zona de La Mosca.






sábado, 24 de enero de 2009

Jacinto Benavente y Martínez



Este famoso escritor, Nobel de literatura, cuya madre es natural de Villarejo de Salvanés en el registro de la Parroquia Madrileña de San Sebastián consta lo siguiente:

"En la Villa de Madrid, provincia del mismo nombe en quince de agoso de mil ochocientos sesenta y seis; yo D Pedro Espinosa, teniente cura de esta Iglesia Parroquial de San Sebastian, bautice solemnemente a Jacinto, Adolfo, Hipolito, que nació en doce de dicho mes y año, a las diez y media de la noche; hijo legitimo del Doctor D. Mariano Benavente, natural de Murcia, y de Dña Venancia Martínez, natural de Villarejo de Salvanés de este Azobispado, viven en la calle del León de esta feligresía; son sus abuelos paternos: D. José y Dña. María Gonzalez, naturales de Murcia, ya difuntos; maternos: D. Andres y Dña Romana Bonilla; naturales de Villarejo de Salvanés; fueron sus padrinos: D. Adolfo López y Dña Josefa López, a quienes advertí de sus obligaciones y lo firme.

D. Mariano y Dña. Venancia, padres de Jacinto Benavente, se casaron el 12 julio de 1855 por poderes en Villarejo de Salvanés (Madrid), y se ratificó su matrimonio en esta parroquia de San Sebastián en 13 de julio de 1855. D. Mariano vivía en la calle del Infante de esta feligresía, y dña Venancia en Villarejo de Salvanés (45 matrim. folio 21 vto.)
Mariano Benavente, padre de D. Jacinto Benavente, murió el 13 de abril de 1885 en la calle de Atocha número 109, cuarto segundo (56 dif. folio 104 vto.).
Doña Venancia Martínez Bonilla, viuda de D. Mariano Benavente, murió el 4 de enero de 1922, de 87 años de edad, en la calle Atocha, 20, y dejó tres hijos llamados, Avelino Mariano y Jacinto (63 dif. fol. 131).

Los hermanos de D. Jacinto Benavente fueron: Andrés Avelino, que nació el 13 de diciembre de 1856, en la calle del Infante, siendo padrinos de su bautizo D. José María Morales, Oficial jubilado de hacienda y su esposa Dª Juliana García (82 baut. fol. 53), y Mariano del Rosario, que nacio el 1 de octubre de 1858 en la calle del León, y tuvo los mismos padrinos que su hermano Avelino (82 baut. fol. 321)."

Las frases que más me gustan de este escritor son las siguientes:
-El que es celoso, no es nunca celoso por lo que ve; con lo que se imagina basta.
-Si la pasión, si la locura no pasaran alguna vez por las almas… ¿Qué valdría la vida?.
-En asuntos de amor los locos son los que tienen más experiencia. De amor no preguntes nunca a los cuerdos; los cuerdos aman cuerdamente, que es como no haber amado nunca.
-El amor es como el fuego; suelen ver antes el humo los que están fuera, que las llamas los que están dentro.